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miércoles, 22 de octubre de 2014

Ian Gibson: ´España necesita una higiene ética: estamos hartos ya de fachas y rojos´


Ian Gibson estuvo ayer en Málaga por dos motivos de importancia. El primero, poner su firma en el contrato de alquiler de un piso en La Malagueta, que será su residencia durante, al menos, el próximo año. Y segundo, presentar las actividades organizadas por el Centro Andaluz de las Letras en torno al poemario Ferias, de Federico García Lorca. Ayer se presentó el manuscrito descubierto en París por el historiador, editor y bibliógrafo Ramón Soley, y se inauguró exposición Geometrías del alma, en la que el artista danés Lars Physant traslada al universo visual los versos de Ferias, una obra poco conocida en nuestro país.

¿Qué es lo primero que tiene pensado hacer una vez que se instale en Málaga?
Descansar un poco. Necesito respirar la brisa del mar y, como soy ornitólogo, disfrutar de las gaviotas y los alcatraces. He estado dos años buscando un piso en La Malagueta porque tenía que tener vistas al mar. Si no, no vengo.

¿Será Málaga protagonista de su próxima novela?
No necesariamente, pero podría estar detrás. Estoy en un momento de duda porque se aproxima el vigésimo aniversario del asesinato de García Lorca, en 2016, y la liberación de los derechos de su obra. Y me han pedido una nueva edición de mi biografía de Lorca, que necesita una revisión a fondo. Y dónde voy a hacer esta revisión, pues en Málaga. Mi archivo está en Fuente Vaqueros; todos mis libros y papeles de Lorca, Dalí, Machado... están allí. Entre Málaga y Fuente Vaqueros hay una hora de viaje, así que es fantástico para mí.

¿Qué cree que significará la liberación de la obra de Lorca?
Va a provocar una oleada de publicaciones. Y como siempre ha habido problemas con las citas y con la familia, pues ya no podrán impedir nada. Yo, por ejemplo, podré hacer una edición de La casa de Bernarda Alba o lo que quiera. Será la liberación de Lorca y seguro que habrá muchas publicaciones y representaciones de su obra.

En agosto pasado, en el 78 aniversario de la muerte de Lorca, los responsables de la cuenta de Twitter de RTVE provocaron un gran revuelo con una frase que decía: «Hoy hace 78 años que se nos fue García Lorca», como si hubiera muerto de forma natural. ¿Cree que aún hay interés por silenciar el asesinato del poeta?
Totalmente. Claro que hay intereses. Los expertos determinaron que los restos de Lorca estaban en Alfacar y la Diputación de Granada compró el terreno para hacer un parque. Cuando estaban delimitando el parque encontraron huesos cerca del famoso olivo. Huesos que se sacaron de allí y se llevaron a otro sitio. Esto se hizo durante el mandato del PSOE. El vicepresidente de la Diputación de entonces, Antonio Ernesto Molina Linares, dijo en una entrevista, veinte años después, que se habían encontrado esos huesos allí. No dijo que eran los de Lorca, pero sí que se encontraron huesos en aquel sitio. Y esto aún no se ha investigado. Aquello fue un crimen, porque deberían haber denunciado el hallazgo de esos restos humanos. No denunciaron nada para no retrasar la inauguración del parque. Eso fue un crimen que nadie ha cuestionado y nadie ha investigado.

¿Pero por qué perdura esa voluntad de ocultarlo? ¡Han pasado casi ochenta años!
¿Crees que este país está afrontando el tema de las cunetas? Lorca es el desaparecido más famoso de la Guerra Civil española. Y la víctima nacional más llorada y más amada. Pero, en cambio, el Estado no busca a este hombre. Es terrible, pero es que no están buscando a nadie: hay todavía más de 120.000 víctimas en las cunetas. Es una vergüenza total. Este país no puede ir a ningún sitio si no resuelve este problema. Creo que no quieren que se conozca la dimensión del holocausto que hubo en España. Dicen que es remover el odio. Ellos, que desenterraron a los suyos, a los asesinados por los rojos, durante el franquismo. ¿Por qué los otros no pueden hacer lo mismo. Es una calumnia vil. No pido más a la derecha: que dejen hacer y que no digan que se trata de remover el odio y que hay que afrontar el futuro olvidando el pasado. Nadie está buscando venganza, sino justicia. Hay mucha gente que se muere con la angustia de no saber dónde está su abuelo.

¿No cree que los españoles están un poco cansados de la eterna lucha de los dos bandos?
Estamos hartos de todo esto, de los fachas y de los rojos. Por eso insisto que se debería solucionar el tema de las cunetas. Es absolutamente necesario y una cuestión de higiene ética. Hay que dejar a la gente buscar a su abuelo para enterrarlo decentemente. No es mucho pedir.

¿Siendo irlandés, aunque salvando las diferencias, entiende mejor la reclamación de independencia de Cataluña?
Hombre, la situación de Irlanda era muy diferente: allí había un ejército invasor. Entiendo a los catalanes, pero no estoy a favor. Yo quiero una república federal. A ser posible, una república federal ibérica. Sé que es un sueño, pero creo que es una península tan increíble, con sus idiomas, con sus climas, sus costas... La idea de separación es una locura, pero sí que creo en una república.

¿Cómo contempla los nuevos movimientos políticos que amenazan el bipartidismo?
Es fascinante lo que está pasado. Hemos llegado a un nivel de corrupción tan elevado que no es posible continuar así. Aquí hace falta un poco de moral ética protestante. La idea de que puedes hacer lo que quieras y después rezar dos Ave María y quedar limpio ha hecho mucho daño. En Alemania o Inglaterra, un tipo como el consejero de Sanidad de Madrid, no dura ni un minuto tras decir lo que dijo de la enfermera infectada de ébola.

¿Y por qué aguantamos tanto los españoles?
Creo que está en los genes del pueblo, aunque no sólo en España. Lo que ocurre es que aquí ha habido más picaresca porque nunca ha habido estabilidad de nada. En España nunca nadie ha creído en el futuro. Por eso el historiador Americo Castro decía que los españoles viven desviviéndose.

Algo tendrá que cambiar.
Claro. Hace falta una ética pública. Y creo en un renacimiento ético.


miércoles, 29 de enero de 2014

La muerte de Flores Arrocha


Flores Arrocha ha sido uno de los ultimos bandoleros de la Serrania de Ronda, murió abatido por la Guardia Civil el 31.12.1932, segun publico el Diario El Imparcial el 01/01/1933 y tambien nos los indica el libro titulado Málaga Historia de un Siglo. Hay otras cronicas que nos dicen otras fechas.

miércoles, 8 de enero de 2014

Playa de La Malagueta año 1960


Seguro que muchos recordaran como era la Malagueta hasta sus obras de ampliación

martes, 10 de septiembre de 2013

Inundaciones en Málaga


Inundaciones en Málaga (14/11/1989)

domingo, 8 de septiembre de 2013

Una visita histórica en el aeropuerto de Málaga


Avión Concorde 102 en el Aeropuerto de Málaga 7 Diciembre (1984)

sábado, 3 de noviembre de 2012

El Copo, un arte de pesca tradicional y malagueño

Sacar el copo de madrugada en la playa, es una de las tradiciones malagueñas más recordadas. Esta estampa tiene lugar a la salida del sol, cuando una cuadrilla de hombres lanza la red a unos 40 ó 50 metros del rebalaje tirando después de ella hacia la playa con la “tralla” (cordel con un corcho anudado en su punta que los marengos arrastran con el hombro) prendida en la “beta” (maroma que sale de la red hacia la orilla); una vez que la red está cerca del rompeolas, los marengos rodean la parte final de ésta y, con gran destreza, van moviendo la red hasta sacarla totalmente de la mar.







viernes, 28 de septiembre de 2012

El Acueducto de San Telmo

El Acueducto de San Telmo está considerado como la obra de ingeniería hidráulica más importante del siglo XVIII en España. Su autor fue el arquitecto José Martín de Aldehuela y su construcción se inició el 8 de Octubre de 1782, prolongándose hasta el 7 de Septiembre de 1784. El promotor del proyecto fue D. José de Molina Lario y Navarro, que se había hecho cargo de la diócesis malagueña el 10 de Abril de 1776.
En Abril de 1782, conocedor de la problemática de abastecimiento de agua en la ciudad y preocupado por los problemas que ello acarreaba, además de verse en disposición económica de acometer un proyecto que solucionase, o al menos paliase, sustancialmente el problema, Molina Lario empezó a realizar consultas a los canónigos Don Joaquín de Molina Sánchez y Don Ramón Vicente y Monzón sobre la posibilidad de llevar a cabo una obra que suministrase agua suficiente a la ciudad. El desarrollo de la parte técnica se lo encomendó a Martín de Aldehuela, encargándole la labor de reconocimiento de los terrenos para posteriormente elaborar el trazado.




La comunicación al cabildo de la ciudad la hizo Molina Lario el 22 de Agosto de 1782, explicando y justificando las razones por las que se realizaría la obra: la extensa población de Málaga, la salubridad pública y el auge comercial que estaban tomando su puerto y plaza hacían que fuese necesario traer a Málaga un gran caudal de agua. La captación se haría en las inmediaciones del "Molino del Inca", ya que desde este punto se podía traer fácilmente a la ciudad; además había cantidad suficiente, pues en la época de mayor sequía estival se encontró el caudal necesario y de una calidad superior a la existente en la villa.
Al igual que al ayuntamiento, el episcopado informó al rey Carlos III por mediación de D. José Moñino, conde de Floridablanca, que era en ese momento el Secretario de Estado.
El ayuntamiento malagueño dio conformidad a la ejecución del proyecto. Por otro lado, el monarca lo aprobaba mediante Real Orden de 21/9/1782. Molina Lario informó al consistorio de esta Real Orden y del nombramiento de los anteriormente citados Molina Sánchez y Vicente Monzón como principales responsables de la obra. Por su parte, el municipio nombró a Don Luís de Vivar y Don Pedro Rengel como colaboradores de estos.




El obispo concedió facultades a sus responsables para designar fuentes de utilidad pública para el abastecimiento, indemnización a los propietarios expropiados por el trazado, y para obtener del tesoro episcopal los fondos necesarios para la construcción del acueducto, sin verse sujetos a auditorias.
De esta manera describe Vicente y Monzón el comienzo de la construcción:
Entretanto que se practicaban las diligencias, se estaban preparando las herramientas y demás útiles necesarios, y se ajustaban Operarios, Barreneros, Rozadores y Cabadores. Dióse feliz principio a la obra en el día 8 de Octubre de 1782 con veinte y un hombres, y se fueron aumentando hasta ochenta, ciento y doscientos, a proporción que el Maestro Director D. José Martín iba designando terreno en que hacer los trabajos.


Así sucedió hasta el fallecimiento del obispo el día 4 de Junio de 1783. En esa fecha se suspenden las obras por orden del Juez Recolector de Espolios.










Fueron reanudadas el 24 de Junio del mismo año, gracias a la utilización del capital obtenido por el espolio* de los bienes del fallecido Molina Lario. Dicho espolio fue autorizado por su majestad el 9 de Junio de 1783 y comunicado por el colector general y vacantes del reino, don Pedro Joaquín de Murcia el día 13 de Junio de 1783.
La finalización oficial de las obras de la primera fase de la construcción se produjo el 7 de Septiembre de 1784, víspera del día de la Virgen de la Victoria. En ese día llegaron las aguas hasta el arca principal en la calle Refino, y corría por las zanjas practicadas para colocar las tuberías que llevarían el agua a sus distintos puntos de destino en la ciudad.
Vicente y Monzón indica que esto tuvo lugar en las siguientes fechas del año 1785, según se puede leer en su Relación de la Obra del Acueducto de Málaga del año 1786:
-A la fuente de la Plaza de la Merced en 6 de Agosto.
-A las del Palacio Obispal, a la de su Plaza, a la de la Santa Iglesia y a la de la Alcazaba, en 29 de Agosto.
-A la de la puerta de la Caba, en 3 de Septiembre.
-A las de la Plaza Mayor, Puerta del Mar, la explanada del Embarcadero y las de la aguada del Puerto, en 7 de Septiembre.







Aun quedaban por construir los molinos y parte de la cubierta del acueducto. La causa de este nuevo paro fue el agotamiento de los fondos, debido a que los espolios del fallecido Molina Lario ya no podían sufragar lo que restaba de la construcción. Se habían hecho 5.968 varas de cubierta, frente a las 10.000 necesarias. Nuevamente se produce la intervención de Vicente y Monzón, presentando al conde de Floridablanca, como interlocutor con el rey, dos medios para la financiación:
El primero era el Banco Nacional, al que se solicitaban 100.000 reales de anticipo para la finalización de las obras pendientes a cambio de hipotecar los productos de los molinos para el pago.

Consulado Marítimo y Terrestre
El segundo, pedir al Consulado Marítimo y Terrestre que aportase el capital necesario sin intereses, pero quedando éste en posesión de la administración del acueducto y todo lo que a él se refiriese, como molinos, aguas de riego y aguada del puerto. El fruto de esta administración se dedicaría al mantenimiento del acueducto, sus fuentes y molinos, así como la creación de una escuela naval (el futuro Colegio de San Telmo). Para esta opción se ofrecían 400 ducados** de distintos organismos de la ciudad, aduciendo que el Cuerpo del Consulado era la opción más autorizada para ello.




Esto fue remitido por el conde al monarca el día de Nochebuena de 1785, indicándole la necesidad del acabado de las obras para la ciudad.
Vicente y Monzón tasaba la construcción de cada uno de los molinos en 32.665 reales de vellón y 17 maravedíes, argumentando que la ciudad necesitaba entre 900 y 1.000 fanegas diarias de trigo, que hasta ese se molían en Torremolinos y Churriana, con un elevado coste de transporte al que había que añadir los problemas estacionales de crecidas del río Guadalhorce en invierno que impedían su paso. Con los molinos proyectados se podrían moler, según estimación del canónigo, unas 600 fanegas diarias, con el consiguiente ahorro. Como es natural, también adujo un interés militar, ya que el ejército ahorraría dinero y riesgos en sus abastecimientos, al evitar el paso por caminos dificultosos.
Ante estas dos opciones, se eligió la segunda, la del Consulado, siendo aprobada por el rey el 14 de Febrero de 1786. Por Real Orden de 29 de Abril de 1786 el monarca ordenaba la entrega de 40.000 ducados a los canónigos para acabar las obras.




Las primeras ordenanzas sobre el uso del acueducto fueron redactadas por Vicente Monzón y Molina Sánchez, como no podía ser de otra manera, e iban dirigidas al mantenimiento, gobierno y administración de las aguas de San Telmo.
El día 6 de Mayo de 1790 se hace entrega, por Real Orden, del acueducto al Consulado.
A partir de 1804 fue el Colegio de San Telmo el que se hizo cargo de la posesión y dirección del acueducto, dictando nuevas normas y condiciones. En un principio, todo parece indicar que el nombre de esta obra era "acueducto de Molina Lario", pero quizás fue esta última la causa del nombre por el que desde entonces se conoce.
El arrendamiento de los molinos se siguió a lo largo del siglo XIX, pero al final del mismo ya se imponía la modernización de este tipo de instalaciones, implantándose la máquina de vapor poco a poco. El primero en hacerlo fue el de Olletas en 1882.




En 1910 se mantenían en funcionamiento 8 molinos, 5 harineros, uno serrinero (fabricación de serrín de corcho) y dos para cortar mármoles. Algunos de ellos ya habían cambiado en esta fecha a la energía del vapor, como el citado de Olletas.
Su actual propietario es la Fundación Benéfica Caudal y Acueducto de San Telmo, formada por la Comandancia de Marina, la Confederación Hidrográfica del Sur, la Diputación Provincial de Málaga, el Ayuntamiento de Málaga, la Cámara de Comercio, el Obispado de Málaga, la Cámara Agraria y el IES Gaona. Está presidida por el obispo y el vicepresidente es el alcalde de la ciudad.
La financiación de la obra la resume claramente Pedro José Davó Díaz en su libro "El Acueducto de San Telmo" :
"En síntesis apreciamos tres puntos de financiación que hicieron posible el desarrollo de la obra:
la del obispo como promotor e iniciador; en segundo lugar la del espolio de su mitra y en tercero la del Consulado".

lunes, 10 de septiembre de 2012

El Espeto de sardinal, algo muy malagueño



Unas cuantas sardinas frescas, una pizca de sal y el punto justo en el fuego; poco más. Para hacer un buen espeto no hace falta mucho. Eso sí, no es tan fácil como parece: hay ciertos trucos. Aunque ahora sea difícil divisar una playa de Málaga en la que no se preparen estos típicos manjares, lo cierto es que antes esto no era así. Desde luego, no es nada moderno. Se trata de la forma tradicional en la que la gente del mar asaba este pescado. La sardina constituía una alternativa nutritiva a la par que barata para las gentes humildes del lugar. En aquella Málaga de finales de siglo XIX, El Palo era un pueblo de pescadores que estaba en pleno desarrollo. La llegada del tranvía y del tren a la zona también trajo consigo a gran parte de los ciudadanos que acudían a su playa para pasar su jornada de descanso.

En 1882, Miguel Martínez Soler creó un merendero: la Gran Parada. Un lugar de paso, un chiringuito emblemático de la ciudad al que acudiría gran cantidad de malagueños. Entre ellos, algunas celebridades del momento como Anita Delgado (que se convertiría después en majaraní de Kapurthala). El establecimiento poseía un ambiente un tanto bohemio que atraía a gente del mundo del baile, del toreo y de la farándula. Este rincón también podía presumir de haber recibido, el 21 enero de 1885, la visita de su majestad el rey Alfonso XII, que venía de comprobar “in situ” los destrozos que un devastador terremoto había producido en la comarca de la Axarquía.


En estas fechas se cumple el 125 aniversario de la apertura del merendero La Gran Parada. Su propietario, Miguel Martínez Soler, fue el primer malagueño en asar el pescado ensartado en una caña. Un famoso personaje que sirvió de comer al mismísimo Alfonso XII describe así el momento: Cuando Miguel le ofreció uno de sus famosos espetos, el rey “atacó” el plato con cuchillo y tenedor. En aquel momento él se adelantó y dijo: Majestad, así no, con los deos». Rápidamente “Migué el de las sardinas” cosechó una gran popularidad. Su fama fue enorme en la ciudad, hasta llegó a aparecer en algunas publicaciones. Reconocido como el “padre” de los espeteros, Miguel inició toda una saga de “amoragaores” muy conocidos. Detrás de él vinieron José Segovia, “El pantalones”; Gregorio “El cojo”; Miguel “El funa”; Cayetano Vargas “El chote”; Miguelillo “El chirrín-chirrán”…Todos ellos extendieron pronto la moda de la sardina en el palo. Proliferaron nuevos chiringuitos en la zona: Cazorla, “El tragando”… la mayoría no sobrevivieron a la mitad de siglo. La Gran Parada tampoco. Sin embargo, la fama de “Migué” sigue viva. Y, como no, sus espetos. Curiosamente, su sobrino (Perico Martínez Román) también abrió su particular restaurante que, aún hoy, sigue abierto. ¿Quién no conoce “Casa Pedro”?

jueves, 6 de septiembre de 2012

El Acueducto de San Telmo

El Acueducto de San Telmo es una obra de ingeniería declarada Bien de Interés Cultural en calidad de sitio histórico. Está situada en el distrito Ciudad Jardín de Málaga, Andalucía (España). Está considerado como una de las obras de ingeniería hidráulica más importantes del siglo XVIII en España. Permitía llevar agua del Guadalmedina hasta la ciudad a través de sus 10,8 km de longitud, con 33 puentes, 30 acueductos y varias arcas. Fue diseñado por el arquitecto Martín de Aldehuela, llevándose a cabo su construcción entre octubre de 1782 y septiembre de 1784.
El promotor del proyecto fue José de Molina Lario y Navarro, obispo de la diócesis de Málaga. Las razones por las que se realizó la obra fueron la extensa y creciente población de Málaga y el auge comercial que estaba tomando la ciudad. Carlos III, por mediación del conde de Floridablanca, aprobó el proyecto mediante Real Orden de 21/9/1782.
El acueducto de arroyo Quintana es el más largo del total, con 170 metros de longitud, 15 metros de altura y 13 vanos con arcos de medio punto, habiendo finalizado las obras de restauración en diciembre de 2009.1
El actual propietario del acueducto es la Fundación Benéfica Caudal y Acueducto de San Telmo, presidida por el obispo.




En la Málaga próspera y en expansión demográfica del último cuarto del siglo XVIII, acreció el problema histórico del abastecimiento de agua que se hizo acuciante tras un período de sequía. Para solventarlo, el entonces obispo de la ciudad, el ilustrado don José Molina Lario y Navarro, financió e impulsó la construcción de un acueducto que tomando agua del río Guadalmedina la acercó a la población en un recorrido de casi 11 kilómetros, a través de los cuales también aportaba el elemento para riego agrícola y fuerza motriz en los molinos. El patrón de los navegantes, San Telmo, presta uno de los nombres por el que se conoce la obra de ingeniería que nos ocupa, porque los beneficios económicos que el acueducto generaba se aplicaron al mantenimiento del Colegio de Náutica, otra interesante creación ilustrada del obispo Molina Lario.
Una Real Orden de Carlos III en 1782 autorizó la construcción y el 7 de septiembre de 1784 el agua llegaba en Málaga al arca principal situada en la calle Refino. El encargado del proyecto y dirección de la construcción fue el arquitecto José Martín de Aldehuela, que hizo una obra además de sentido práctico y de elevado interés técnico, cargada de intención estética, evidente tanto en la nobleza de las puras formas como en el empleo de distintos materiales constructivos y la aplicación, incluso, de revocos con color.




Características
El Acueducto de San Telmo mide 10,87 kilómetros. El trazado se puede dividir en dos partes, una rural, desde la captación de aguas hasta la finca de San José, todavía en uso, y otra urbana, desde dicha finca hasta el Arca principal en la calle Refino, tramo que se encuentra en desuso y en mal estado de conservación. Discurre con 33 alcantarillas, 2 túneles, numerosas alcubillas, respiraderos, descansos, fuentes y molinos asociados y 30 puentes. Entre ellos se encuentran varios de sus hitos más monumentales y de alto valor paisajístico, caso del puente que salva el arroyo Humaina, de setenta y cinco metros de longitud y quince de altura, o el que vuela sobre arroyo Quintana, el más largo de todos. Muestra distintas secciones a lo largo de su recorrido: Cuadrada de sesenta centímetros de lado, rectangular de cuarenta y dos centímetros de ancho por veintiocho centímetros de alto, y dos circulares, una de veintiocho centímetros de diámetro y otra de veinte centímetros.
[editar]Recorrido
El recorrido presenta un trazado irregular debido a lo dificultoso de la topografía del terreno, teniendo que salvar importantes alturas, como abruptas lomas de fuerte pendiente que encajonan la densa red de drenaje del río, con una parte de su trazado en superficie y otra bajo tierra. Plantea dos soluciones para la traída del agua, un canal cubierto para agua potable y una acequia descubierta para riego, además de numerosos puentes. Esta intrincada morfología queda magníficamente reflejada en el Plano del Nuevo Aqueducto de la Ciudad de Málaga, de la edición de 1786.
El acueducto tiene su origen en un molino del siglo XVIII, denominado Molino del Inca, cuya toma de agua del río Guadalmedina se encuentra a ochocientos metros, mediante un azud de derivación. Este punto de partida, la Toma o Presa realizada con ladrillo, y el espaldón de aguas bajo el azud construido en mampostería con piedras de gran peso destinadas a contener la fuerza de las avenidas del agua, se encuentra bajo el viaducto número 4 de la Autovia A-45 PK 138,5. A continuación el acueducto cruza el arroyo Ahorcado, sigue por un sifón y cruza el arroyo Humaina. Después se encuentra la Mina del Álamo y, tras pasar los accesos a Málaga, atraviesa un lagar para llegar al Molino de San Telmo y cruzar arroyo Hondo. Llega a otras dos minas separadas por el Puente de Arroyo Quintana y una tercera tras cruzar el arroyo Melero. Luego llega al Puente Camero, cruza por el Puente Olletas y atraviesa la ciudad de Málaga hasta llegar al Arca principal en la calle Refino.




Elementos constructivos del tramo rural
De los elementos constructivos emergentes destacan:
El Puente de los Ciegos, realizado en fábrica de ladrillo y con dos ojos formados por dos arcos de medio punto y estribos.
El Puente de La Apartá, con un solo ojo de arco de medio punto, realizado en ladrillo y sustentado por estribos.
El Puente de Arroyo Humaina, de setenta y cinco metros de longitud y quince de altura, de cuatro ojos con un solo nivel de altura y un solo orden de arcos de medio punto, realizados en ladrillo que voltean sobre pilares y con contrafuertes de formas prismáticas. Los pilares, de planta cuadrada, llevan tajamares triangulares aguas arriba y semicirculares aguas abajo.
Los Puentes de La Majadilla, El Ahorcado y El Pastelero, que siguen un mismo esquema, construidos de fábrica de ladrillo, con un ojo de arco de medio punto auxiliado por dos estribos.
Las dos construcciones de los Molinos de San Telmo que, aunque se encuentran en desuso en la actualidad, presentan muy buen estado de conservación. Ambas son de proporciones cuadrangulares, con planta baja y alta. El primero presenta dos vanos de acceso de diferente tamaño, con pequeños ventanucos en planta baja y ventanas alargadas con pretil en la superior; en la parte trasera se dispone la estructura del molino, con dos arcos de medio punto realizados en fábrica de ladrillo que sirven para la evacuación del agua. El segundo repite el mismo esquema, diferenciándose por la mayor regularidad de los vanos de la planta baja.
El Puente de Arroyo Hondo, con cuarenta y cinco metros de longitud y quince de altura, con dos ojos formados por arcos de medio punto de 5,4 metros de diámetro, está realizado en fábrica de ladrillo. Los estribos y tajamares son prismas hexagonales.
Siguiendo el recorrido en dirección a la ciudad hay cuatro puentes más con las mismas características, un solo ojo de arco de medio punto y estribos.
Una vez pasada la autovía, el acueducto aflora en una salida de mina realizada con muretes de ladrillo. Con objeto de salvar cambios bruscos de la pendiente y disminuir la velocidad del caudal, se ubican en esta zona varias caídas de fuerte inclinación cerradas con muretes de mampostería.
En el Puente de las Barrancas, de un solo ojo y parcialmente destruido, es posible apreciar la decoración de grandes cuadraturas en estuco blanco con restos en el interior de amarillo ocre y fragmentos de ladrillos incisos pintados de rojo almagra.
El llamado Puente de los Cinco Ojos, del que quedan visibles dos.
El Puente de Arroyo Quintana, el más largo de todo el Acueducto, que tuvo trece ojos -de los que se conservan diez, aunque se le llame popularmente de los once ojos- el central de mayor luz.
El Puente de Arroyo Melero y el Puente del Aceitero.




Elementos constructivos del tramo urbano
Ya dentro de la ciudad encontramos construcciones muy significativas:
El Arca principal o Alcubilla mayor, emplazada en la confluencia de las calles Refino, Carrera de Capuchinos y Postigos. Se trata de una construcción poligonal cubierta por un tejadillo acampanado, con zócalo de sillería de jaspón y el resto de fábrica de ladrillo actualmente encalada; ostenta un escudo del obispo Molina Lario. En una hornacina, situada en su fachada principal, figura una representación en barro de la Divina Pastora de carácter popular, lo que le confiere significación de capilla callejera.
La Alcubilla de la plaza de la Merced, estructura cuadrangular cubierta por tejado de cerámica vidriada de perfil curvo, fue trasladada de su emplazamiento original junto al desaparecido Convento de la Paz.
Por último son de señalar las fuentes relacionadas con la traída de aguas del Acueducto de San Telmo: La Fuente Olletas, La fuente del Tempus Fugit, situada en la plaza que existe frente a la entrada del Cementerio de San Miguel. La fuente del Patrocinio, en la encrucijada de las calles Santa María Micaela y Luque con las alamedas del Patrocinio y Capuchinos. La fuente de Olletas y la fuente de la calle de Los Cristos que ostenta la fecha de 1790 y cuyo diseño se atribuye al arquitecto José Martín de Aldehuela.



martes, 4 de septiembre de 2012

El Hundimiento de la Fragata Gneisenau

El día 16 de Diciembre de 1900, a causa del fuerte temporal, la fragata de guerra alemena Gneisenau, intenta la aproximación al puerto de Málaga hacia las once y media de la mañana. El comandante de la fragata, Kretschmann, había renunciado a la invitación de las autoridades portuarias para el refugio del barco.



Al poco tiempo, el fuerte oleaje rompió las anclas y la fragata quedó a la deriva, y fue arrastrada contra las rocas de la Farola. En ese momento, la nave empieza a hundirse con sus 3.000 toneladas y sus 470 tripulantes en el interior. En ese momento la tripulación empieza la evacuación del barco, algunos botes se estrellan contra las piedras y otros son volcados por el gran oleaje del mar. Una gran cantidad de malagueños acuden al lugar del siniestro a prestar socorro. Los malagueños se lanzan al mar con distintas embarcaciones, algunas de estas son hundidas por las olas, desde las piedras otros lanzan cables para rescatar a los náufragos. Murieron cuarenta y una personas, incluyendo al comandante Krestschmann, de entre ellos doce malagueños dejaron allí su vida por prestar su ayuda. Los heridos fueron ingresados en el Hospital Noble, los supervivientes en el Ayuntamiento y la oficialidad fue acogida en el domiciliio del cónsul aleman, Adolfo Príes. Toda la ciudad de Málaga y los supervivientes del naufragio se unieron en un entierro emocionante.





“Muy hospitalaria”, para la ciudad de Málaga
El recuerdo de la ayuda que recibieron, las atenciones que les dispensaron y la simpatía y la cordialidad que les mostraron los malagueños hizo que se crearan fuertes lazos de amistad entre unos y otros. Tan profunda fue la hermandad que se originó que algunos de aquellos marineros volverían luego para quedarse definitivamente. La prensa nacional e internacional se hizo eco del desastre y describieron a Málaga y a los malagueños como paladines de la solidaridad, el socorrismo, la atención hacia los náufragos y, fundamentalmente, como generosos ciudadanos que pusieron su vida en peligro y otros la dieron por salvar la de unos semejantes. Sólo por este gesto, la reina María Cristina, en nombre de su hijo Alfonso XIII, concedió a la ciudad de Málaga el título de «Muy hospitalaria», que desde entonces campea en su escudo.





El puente de los alemanes, el agradecimiento de Alemanía
La noticia de la catástrofe acaecida en Málaga llegó también a Alemania. La colonia alemana de esta ciudad, que no podía olvidar cómo los hijos de Málaga rivalizaron en solicitud y heroísmo aquel infausto 16 de diciembre de 1900 para el salvamento de sus hermanos los náufragos, recogiendo el deseo de sus compatriotas de mostrar alguna forma de agradecimiento al pueblo malagueño por su solidaridad con la catástrofe de la fragata Gneisenau, abrió, 24 horas después de ocurrida la inundación, una suscripción popular, que encabezó el propio emperador Guillermo II con una respetable suma, y secundada por ministros, ayuntamientos, cámaras de comercio y otros centros oficiales y particulares de Alemania. Los fondos recaudados se destinaron a la construcción de un puente en el lugar donde antes estuvo el de Santo Domingo.El proyecto fue redactado por los alemanes y se encargó su ejecución a la Sociedad Constructora Martos y Compañía, la cual lo presentó al Ayuntamiento para su aprobación, que la mereció en su sesión del día 12 de agosto de 1908. También se acordó en dicha sesión expresar a la colonia alemana la gratitud más profunda del municipio.Un año más tarde, el 31 de agosto de 1909, se empezó a montar la estructura, cuyo trabajo quedó concluido trece meses después. Las pruebas de resistencia se realizaron el 11 de diciembre, resultando satisfactorias. Ese mismo mes, el cónsul alemán ofrecía la obra al pueblo de Málaga, a través de su Ayuntamiento. Desde entonces está la pasarela de hierro de Santo Domingo dando paso a los peatones sobre el río Guadalmedina, desde el Pasillo de Santa Isabel a la Iglesia de Santo Domingo.La gente la conoce como “Puente de Santo Domingo” o, más cariñosamente, como “Puente de los Alemanes”. En uno de los dos arcos que le sirven de riostra cuelga una lápida de piedra enmarcada en hierro que literalmente dice: «Alemania donó a Málaga este puente agradecida al heroico auxilio que la ciudad prestó a los náufragos de la fragata de guerra Gneisenau. MCM – MCMIX.»




viernes, 31 de agosto de 2012

El Cenachero


No hay nada más malagueño en Málaga que ese vendedor de pescados que lleva faja roja, pantalones de denim azul con parchos en las rodillas,la cabeza emboinada, las manos en la cintura balancenado los dos cestos que cuelgan a los lados en los codos y en la boca aquel estribillo que llena el aire de estruendos: “Pescada, pescada fresca, langostinos, chanquetes y boquerones“.




No pocos de aquellos jabegotes que habían estado en la dura briega del copo tomaban sus cenachos cargados de boquerones, jurelitos, chanquetes, sardinitas, boqueroncitos y ranchos de pulpos, almejas, coquinas, pintarrojas y otros revueltos marinos, y se disponían a vocearlos por las calles de los barrios de la ciudad. El cenachero era entonces la figura más popular de aquella Málaga de bodegas, tenerías, baratillos de cuerdas y alpargatas, salazonerías y tabernas.




Como homenaje a este personaje malagueño, el escultor Jaime Pimentel en 1968 creó una figura de bronce donde reflejaba a la perfección la figura del cenachero. Originalmente su ubicación fue en el Paseo del Parque malagueño, tras diferentes traslados finalmente se encuentra en la plaza de la Marina, junto al puerto.

miércoles, 29 de agosto de 2012

Fotos antiguas de los Baños del Carmen, Málaga

Desde su inauguración en 1918 los Baños del Carmen fueron un punto de encuentro y diversión de la sociedad malagueña, y su oferta de ocio y entretenimiento superaba con mucho lo que se podía entender como un simple balneario, dotado de casetas y otros muchos servicios, contemplaba un uso separado de la playa, con zonas diferenciadas para hombres y mujeres, constituyeron toda una innovación en la época, ya que “representaban la modernidad y un nuevo concepto de los baños de mar y de sol”.




Los Baños del Carmen contaban con servicio de tranvía y poco a poco fueron ampliando su oferta con restaurante, parque de atracciones, quioscos, pistas de baile, campos de fútbol y tenis, embarcadero, o cine. Incluso existió una fuente de la que manaba vino. El recinto se completó con un restaurante diseñado por el arquitecto Daniel Rubio, que aún se mantiene en pie.

Desde los años 20 hasta los 60 los Baños del Carmen fueron uno de los lugares con más encanto de la ciudad, y fue un continuo escenario de verbenas, bailes, fiestas, competiciones deportivas y otras muchas actividades lúdicas, se celebraron competiciones hípicas y hasta 1941 fue el campo de juego del equipo de fútbol de la ciudad.







En el año 1958, se construyó un camping, obra del arquitecto, Andrés Escassi, que daba acogida a 300 plazas, y comenzó la decadencia del lugar hasta que se llegó al total abandono. 

Actualmente se ha convertido en una especie de poblado marginal donde conviven inmigrantes sin papeles, drogadictos, y demás gente sin hogar, lo que lo convierte en un punto conflictivo de la ciudad hasta que el ayuntamiento se decida definitivamente a dar una solución a este lugar que forma parte de la historia reciente de Malaga.



















 
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